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por Fernando Liroz |
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actualizada el día 17 de febrero de 2006 |
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Lingüística |
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Morfología – El verbo: 1.
Estructura |
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El verbo español cuenta con morfemas que le permiten expresar siete
conceptos (o accidentes) gramaticales diferentes:
1. El tema
- 2. La voz.
- 3. El modo
- 4. El aspecto
- 5. El tiempo
- 6. La persona
- 7. El número
Vamos a verlos uno por uno:
Todos los verbos pueden ser agrupados en tres diferentes grupos
dependiendo de la forma que adoptan los morfemas de voz, modo, tiempo, aspecto,
persona y número. Los verbos cuyo infinitivo acaba en –ar,
por ejemplo, hacen el pretérito imperfecto de indicativo con las formas -aba, -abas, -aba, -ábamos,
-abais, -aban, mientras
que los verbos cuyo infinitivo acaba en –er, -ir
lo hacen con las formas –ía, –ías, –ía,
–íamos, –íais,
–ían. Es precisamente la vocal que
aparece en el infinitivo (-a-, -e-, -i-) la que indica a qué conjugación o
grupo de verbos con los mismos morfemas pertenece cada verbo. Dicho de otra
manera, si nos encontramos con un verbo desconocido cuyo infinitivo termina en
–ar, ya sabemos cómo se crean todas sus
formas: igual que las forma el verbo amar.
A esa vocal a, e, i (a veces ie)
la llamamos vocal temática.
Los verbos transitivos (y sólo los transitivos, si bien no todos ellos
por igual) pueden presentar la acción desde dos puntos de vista o voces:
-
activa, si su sujeto se
refiere a quien realiza la acción: El jardinero (sujeto)
pisoteó las margaritas y
-
pasiva, si el sujeto no se
refiere al ser que realiza la acción sino al que experimenta (sufre, padece) la
acción que realiza otro complemento verbal: Las margaritas (sujeto)
fueron pisoteadas por el jardinero.
El verbo español cuenta con un verbo auxiliar, ser, especializado
en expresar la voz pasiva. Cuando el verbo está en voz activa, no lleva ninguna
marca que lo indique; cuando está en voz pasiva, aparece el verbo ser como
morfema de pasiva:
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activa: |
pasiva: |
à Todo verbo
transitivo cuyo significado expresa una acción presenta un doble juego de
formas, unas activas y otras pasivas, caracterizadas por la ausencia o
presencia del auxiliar ser.
El verbo puede presentar la acción como objetiva (perdemos, perdía,
perderá, ha perdido, había perdido...), como algo visto a través de la
subjetividad del hablante (quiero que pierda; aunque perdiera; ojalá no
hubiera perdido; por más que haya perdido...) o como un ruego, una petición
o una orden (piérdete; perdeos). A cada uno de estos “puntos de vista”
los llamamos modos del verbo. Al “punto de vista” objetivo lo llamamos modo
indicativo; al subjetivo, modo subjuntivo y al de ruego o mandato, modo
imperativo. Podemos encontrar una relación directa con las funciones del
lenguaje: el modo indicativo tendría como función básica la referencial o
representativa, el subjuntivo, la expresiva o afectiva y el
imperativo, la conativa.
Si bien las causas que rigen el uso de los modos son mucho más complejas de lo que
podría dar a entender esta exposición tan simple, a los efectos de la
estructura del verbo nos basta con ella.
Cada uno de los tres modos cuenta con morfemas específicos que podemos
aislar si comparamos las formas que presentan:
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INDICATIVO |
SUBJUNTIVO |
IMPERATIVO |
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presente |
(tú) rompes |
(tú) rompas |
rompe |
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pasado (pretérito) |
(tú) rompías |
(tú) rompieras |
--- |
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futuro |
(tú) romperás |
(tú) rompieres |
--- |
Llamamos aspecto a una posibilidad expresiva de los verbos que
nos indica si el hablante entiende la acción como un todo completo, terminado,
hecho; como si la acción fuera vista desde fuera y en su totalidad (aspecto perfectivo)
o bien como algo que está en proceso de realizarse, inacabado, como si la
acción fuera vista desde dentro, desde el mismo proceso en su duración (aspecto
imperfectivo) (en latín, el término per-fectum significa “totalmente hecho, acabado”).
El verbo español –con una excepción, como veremos- utiliza el verbo
auxiliar haber para expresar esta diferencia de apreciación: los tiempos
compuestos (es decir, los tiempos que usan el auxiliar haber) son todos
perfectivos:
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he roto |
la acción de romper
ha sido realizada; ya se ha completado esta acción. |
|
había roto |
la acción de
romper había sido realizada antes de que sucediera otra cosa |
|
habré roto |
la acción de
romper será realizada antes de que suceda otra cosa |
mientras que todos los tiempos simples
(aquellos que presentan el verbo sin el auxiliar haber) son casi todos
imperfectivos:
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rompo |
la acción de
romper se está llevando a cabo en el momento en que estamos hablando; no
sabemos si esa acción se completará o no. |
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rompía |
la acción de romper
se estaba llevando a cabo en el momento del que estamos hablando; no sabemos
si esa acción acabó o no, y si acabó, cuándo lo hizo. |
|
romperé |
la acción de romper
se estará llevando a cabo en el momento del que estamos hablando; no sabemos
si esa acción se completará o no. |
El esquirol, la excepción, es el pretérito perfecto simple (también
mal llamado indefinido): Es un tiempo simple (no usa el
auxiliar) pero designa una acción perfectiva:
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rompí |
la acción de romper
ha sido realizada; ya se ha completado esta acción. |
Por todo lo anterior podemos decir que, en español, los tiempos simples
son imperfectivos (salvo el pretérito perfecto simple) y los compuestos son
perfectivos sin excepción.
El aspecto verbal puede ser
también expresado por medio de perífrasis (v. Las perífrasis verbales).
Una manera muy simple (y, como veremos, inexacta) de definir los tiempos
verbales es hacer corresponder el presente a lo que sucede ahora, el pretérito
a lo que sucedió en el pasado y el futuro a lo que está por suceder.
Como veremos al tratar de la estilística de las formas verbales, esto sólo
sucede en ocasiones. Dado que allí trataremos este tema en profundidad, por
ahora lo vamos a dejar así y diremos que, en español, el verbo presenta tres
tiempos: presente, pretérito o pasado y futuro y que estos tres tiempos ponen
la acción en relación al momento en que se habla: el presente expresa lo que
sucede ahora, el pretérito lo que ha sucedido y el futuro lo que sucederá.
La persona gramatical pone la acción en relación con
a)
el hablante (singular: yo) o el grupo que
forman el hablante y otro u otros (plural: nosotros): 1ª persona.
b)
el receptor (singular: tú, usted, vos) o los
receptores (vosotros, ustedes): 2ª persona.
c)
cualquier persona o ente individuales que no sean ni
el hablante ni el oyente (singular: él, ella, ello; plural: ellos,
ellas): 3ª persona.
Hay que tener en cuenta que existen tres tiempos que no presentan
variación de número / persona, los llamados por eso formas no personales:
el infinitivo, el gerundio y el participio.
El número gramatical diferencia si la persona del verbo es un individuo
(singular) o más de uno (plural).
Estos seis accidentes gramaticales se combinan para crear un
conjunto de formas cuya sistematización crea una lista que llamamos conjugación del verbo.