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Página actualizada el día 17 de febrero de 2006

Lingüística

 

Morfología – Introducción a la morfología

 

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Introducción a la morfología

 

 

Las unidades morfológicas  1

La palabra, un concepto espinoso. 1

Las unidades morfológicas inferiores a la palabra. 3

La palabra desde el punto de vista monemático: 4

Los tipos de monemas. 4

Morfemas, alomorfos y morfos. 6

Morfemas amalgama, morfema cero y morfemas discontinuos. 7

Los sistemas de formación de palabras. 7

La flexión. 8

La derivación. 9

Diferencias entre flexión y derivación. 10

La composición. 11

Otras maneras de crear palabras. 11

 

 

Las unidades morfológicas

La palabra, un concepto espinoso.

 

Todos los que hablamos, sabemos que hablamos por medio de palabras. Cualquiera de nosotros es  capaz de dividir lo que dice en palabras independientes, lo que quiere decir que sabemos contar cuántas palabras hay en una determinada oración sin dudarlo. Ahora bien, seguro que nos po­nen en un aprieto si nos piden una definición de pa­la­bra.

¿Por qué? Todos estaremos de acuerdo en que si, vienes, te y espero son palabras, porque somos capaces de dividir el enunciado si vienes, te espero en esas unidades básicas. Lo que pasa es que la cuestión  se vuelve más complicada con unidades como mesa redonda, veinticuatro, etc., de las que no podemos afirmar con la misma seguridad si son palabras o grupos de palabras. A primera vista, diremos que mesa redonda se compone de dos palabras porque podemos separar mesa de redonda y el resultado mesa, unirlo a otros adjetivos: mesa cuadrada, mesa azul, etc. Esto nos plantea el problema de que al decir que en el Centro Cultural del barrio se celebra una mesa redonda, las dos palabras expresan un único concepto similar al que expresa la palabra debate. El significado de mesa redonda no es igual a la suma de los significados de sus componentes: se ha creado un nuevo elemento léxico en el que se ligan indisolublemente ambas palabras que tiene un nuevo significado. Esto es lo mismo que decir que se ha creado una nueva palabra. Si las consideramos como dos palabras es porque las escribimos separadas y porque mantienen una independencia acentual característica, pero en el diccionario deberá aparecer este conjunto con su nuevo significado.

Casos semejantes hay muchos: Veintiuno es una sola palabra. Pero treinta y uno o doscientos cincuenta y seis, ¿son una o más palabras? ¿Qué pasa con anteayer y su sinónimo antes de ayer? ¿y con porque en porque me da la gana, y para que, en para que te enteres? Podríamos aportar muchos ejemplos más.

La lingüística no ha encontrado aún una definición válida y general para el concepto de palabra, pero no es de extrañar que esto sea así: es un concepto intuitivo, de uso, no válido para el análisis tal y como hoy se plantea; ello nos deja ante el curiosísimo hecho de que esta ciencia, la lingüística, no puede definir una de sus unidades básicas.

¿Qué hacer, pues? Cuando a principios del siglo XX la lingüística se reorganiza y busca nuevos caminos, encuentra que con los nuevos conceptos que ha de manejar no hay lugar para la palabra tal y como intuitivamente la entendemos: debe encontrar una unidad que englobe tanto a mesa redonda como a azul, siempre, que, Miguel, ay, llanura, libro y librería, Y que además, es posible que también deba incluir en ese grupo a elementos tales como hetero- , —cardia, tele-, pro-,—mitir (heterosexual, taquicardia, teleférico, prometer, dimitir), etc, y busca soluciones. Vamos a ver a continuación alguna de las respuestas que ha dado.

La paradoja de la que estamos tratando tiene su origen en el hecho de que el concepto habitual de palabra en­cubre varias realidades distintas entre sí. Tomemos en consi­deración varias listas de pa­la­bras:

 

a. canto (rodado)

b. canto (acción de cantar)

c. canto (de un duro)

 

a. tener, tengo, tienes, tuve, tenía, he tenido.

b. limpio, limpia, limpios, limpias.

c. rosa, rosam, rosae, rosas, rosarum, rosis.

 

a. beber, bebida, beburcio, bebedor.

b. digno, dignidad, dignamente, dignarse.

 

En (1) tenemos tres palabras con significados distintos y orígenes también distintos, que tienen en común la forma fónica (y gráfica): son palabras distintas pero homónimas; Di­remos de cada una de ellas que es una palabra gramatical, porque en el lexicón del español (el componente léxico, recordemos) tendría cada una una entrada. El caso en (2) es distinto: cada conjunto de palabras tiene una sola entrada en el diccionario, y nos parece lógico: (2a) es una lista de formas conjugadas del verbo tener; (2b) es el adjetivo limpio flexionado en género y número, (2c.) es la lista de las formas que puede adoptar la palabra latina rosa al ser declinada. Está cla­ro que en (2a) tenemos varias formas de la misma palabra, y que en cada una de las listas es la primera de estas formas la que usamos como forma de ci­ta, es decir, la forma que elegimos como representante de la lista comple­ta. Nos parece lógico que todas ellas formen parte de una misma entrada lé­xica porque, conociendo el español como lo co­nocemos, sabemos que es auto­mático obtener todas estas formas a partir de la forma de cita. En (3) ya no sucede lo mismo: aunque hay una evidente relación en­tre las cuatro pala­bras que forman cada grupo, todas ellas son palabras distin­tas que emplea­mos en entornos diferentes: unas son verbos; otras, adjeti­vos; otras, sus­tantivos y otras, adverbios. Son palabras indepen­dientes pero -como decía­mos en el cole- "de la misma familia".

 

Como vemos, hay que tener mucho cuidado con las palabras. Entre ellas adoptan re­laciones muy diversas y la manera en que se forman viene determi­nada por la función que vayan a desempeñar. En (1) no hay más relación que la fónica entre ellas; en (2), se da un proceso regular de flexión, que veremos enseguida; en (3) se da otro proceso, el de deriva­ción. Otro proce­so posi­ble es el que aparece en mesa redonda, similar (no idéntico) al que tenemos en rompehielos, el de la composición. De todos ellos hablaremos en el presente tema.

Las unidades morfológicas inferiores a la palabra.

 

Si no es posible dar una definición del concepto intuitivo de palabra por no ser fun­cional en la descripción lingüística, habremos de buscar en la palabra las unidades que ne­cesitamos. Por medio de los ejemplos anterio­res hemos podido sospechar la existencia de unas unidades de rango inferior cuya combinación crea una estructura morfológica que es a lo que llama­mos palabra.

 

Esas unidades existen, y lo comprobamos contrastando varias formas de palabra o varias palabras "de la misma familia". Tomemos los ejemplos de (2b): dejando sólo lo que tienen en común, nos queda limpi-. Esta parte de todas estas palabras es lo que tradicional­mente llamábamos raíz. Es un ele­mento indivisible en unidades menores con significado: nada más corto que limp- tiene significado relacionado o no con la idea de limpiar, limpio, etc., y se limita a ser un conjunto de fonemas que carecen de valor semán­tico. Lo que queda de esas palabras, -o, -a, -os, -as es tam­bién divisible en dos grupos de unidades, -o y -a, que indican género mas­culino y femeni­no, respectivamente, y -s, que indica pluralidad gramati­cal. Su valor sig­nificativo, como vemos, es distinto al de limp-. Este hace re­fe­rencia a algo de la realidad (el concepto de limpieza), mientras que -o, -a y -s tie­nen un signi­ficado pura­mente gramatical: los conceptos a que ha­cen refe­ren­cia no tienen existencia en la realidad extralin­güística. Hay, pues, uni­da­des inferiores a la pala­bra y son, al menos de dos tipos:

 

A las unidades mínimas con significado (es decir, que son menores que la palabra y que son indivi­sibles en elemen­tos dotados de significado) las llamamos monemas (en la es­cuela norteamericana, morfemas), y las hay de dos tipos: los lexemas o morfemas léxicos, que tie­nen sig­nifi­cado léxico -que hacen refe­rencia a conceptos de la rea­lidad- y los morfe­mas a secas o morfe­mas gramaticales, que tienen un signi­ficado exclusivamente grama­tical.

La palabra desde el punto de vista monemático:

Los lexemas forman palabras solos, o más habitualmente, acompañados por mor­fe­mas. En el caso de árbol tenemos el lexema aparentemente solo[1]; en árboles, arboleda, ar­boladura, enarbolar, etc., lo acompañan morfemas. Son palabras portadoras de lexemas los sustantivos, los adjetivos, los ver­bos y la mayoría de lo que llamamos adverbios.

Los morfemas pueden aparecer también aisladamente (ca­so de las prepo­si­cio­nes, las conjunciones, el artículo y el verbo auxiliar) o, como hemos vis­to, formando parte de pala­bras. Se habla en consecuencia, de morfemas li­bres (los que forman palabras por sí mismos: ven, ayer, con, la, aunque) y de morfemas ligados (los que han de apa­recer nece­saria­mente for­man­do par­te de una palabra: re-, -ado, -eda, -ista, etc.) 

 

Así pues, la palabra es una unidad lingüística formada por uno o más monemas que siguen un orden fijo (no podemos variar el orden de monemas en desembarcar para decir, p. ej. *barc-em-des-ar) y forman un bloque inseparable. Si una palabra posee uno o más lexemas (anticonstitucional, p. ej.), su significado es léxico; es decir, que aparece en el diccionario. Si por el contrario, carece de lexemas, su significado es gramatical (o relacional), y en el diccionario aparecerá una explicación de su valor y de sus usos sin poderle otorgar un valor referencial (no hace referencia a ningún objeto, acción o cualidad). Los antiguos gramáticos chinos llamaban a las primeras palabras llenas y a las segundas, palabras vacías.

Los tipos de monemas.

 

Dentro de los morfemas ligados (a los que también se llama dependien­tes y trabados) hemos de hacer una distinción según su función: los que sir­ven para crear distintas formas de una misma palabra (limpio, limpios) se los llama morfemas flexivos y a los que sirven para crear nuevas pala­bras a partir de otras existentes se les llama morfemas derivativos o afijos, y según su colocación con respecto al lexema se llaman prefijos,  si van colocados delante: antigás, prefijo; infijos o interfijo