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Departamento de
Español Colegio Americano de
Madrid |
Sitio web ideado y creado por
Fernando Liroz, enero de 2000 / Última actualización, febrero
de 2009 |
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El sustantivo o nombre |
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Nombres comunes /
nombres propios
- El género en los sustantivos. - El
número - Casos
particulares
- Individuales frente a colectivos - Enumerables
(discontinuos o contables) frente a no enumerables |
Nombres comunes /
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La primera división
de los sustantivos es la que separa los comunes
de los propios. Sus diferencias son
de varios tipos: semánticas, morfemáticas
y, específicamente, sintácticas. Los nombres comunes son nombres de conceptos abstractos dentro de los
cuales clasificamos a los seres. Es decir: si yo digo que algo es una mesa, estoy atribuyéndole a ese
algo las característica que todas las mesas tienen en común:
‘Mueble, por lo común de madera, que se
compone de una o de varias tablas lisas sostenidas por uno o varios pies, y
que sirve para comer, escribir, jugar u otros usos’. Los nombres propios, a diferencia de los comunes, no clasifican la realidad en
conceptos aplicables a multitud de seres individuales diferentes entre
sí. Por eso necesitan que los determinantes y los complementos del
nombre los actualicen y definan más estrechamente. Al hacerlo
así, el concepto genérico al que refiere el N común es
convertido en uno concreto frente a todos los demás posibles. Pero el
N propio ya define un ser único, por lo que, en principio, no requiere
determinantes ni complementos. Ahora bien, si queremos referirnos a diferentes aspectos de la
misma realidad (diferenciar, por ejemplo, el Madrid de los Austrias
del de los Borbones), todos esos madriles actúan ahora
como NN comunes que necesitan determinantes y complementos para poder ser
individualizados frente a los otros. |
El género en los sustantivos.
(véase también este
enlace, de donde he tomado buena parte de este
epígrafe) |
El sustantivo presenta sólo variación de número: mesa / mesas, pero no de
género, puesto que éste es inherente.
Esto quiere decir que cada sustantivo tiene su propio género y, en
consecuencia, cualquier variación del morfema de género implica
variación del significado del sustantivo. No hay que olvidar que género
no equivale a sexo en la inmensa
mayoría de las ocasiones. Sólo ocurre así en algunas
parejas que se refieren a individuos sexuados: niño / niña,
suegro / suegra, tigre / tigresa; pero entre los
sustantivos llamados epicenos
podemos encontrar de una parte hormiga, liebre, pulga, y
de otra mosquito, vencejo, ruiseñor e, incluso, caracol.
Lo mismo con los comunes: el / la
socialista, artista etc. Las diferencias de género suelen aludir, pues, a otros aspectos de
la realidad ajenos a la diversidad sexual, como la dimensión o la
forma de un objeto: jarro / jarra, cesto / cesta,
cubo / cuba; o la diferencia entre usuario e instrumento: trompeta,
espada; o entre árbol y fruto: cerezo / cereza. La oposición –a / -o no es la que marca el
género: Dos sustantivos con diferente terminación pero
idénticos en todo lo demás no tienen por qué oponerse
por género, sino por significado: huerto,
barco, bolso / huerta, barca,
bolsa; el morfema “de género” actúa en el
sustantivo más bien como un morfema derivativo, que crea nuevas
palabras a partir de otras. La palabra derivada puede designar un mismo tipo
de ser de diferente sexo (perro /
perra, niño / niña), pero también de diferente
extensión (barco / barca, bolso
/ bolsa, huerto / huerta, banco / banca) o con cualesquiera otros
significados relacionados con el primitivo: manto / manta, pozo / poza, monto / monta; el/la editorial, corte, margen, cometa,
coma, cólera, parte, frente. De hecho, muchos sustantivos
presentan dos posibles géneros sin cambio de significado: computador / computadora, aspirador /
aspiradora El sexo puede venir marcado
morfológicamente (perro / perra),
léxicamente (hombre / mujer)
o sintácticamente (gorila, serpiente, liebre, mosca) --> cada sustantivo tiene
significado de sexo por sí mismo, no por su terminación. Así pues, la variedad de significados de los géneros y la
arbitrariedad de la asignación de masculino o femenino a los
sustantivos impiden determinar con exactitud lo que significa realmente el
género. Hay, pues, que considerarlo como un morfema que clasifica los
sustantivos en dos categorías combinatorias diferentes. Es un mero
indicio de ciertas relaciones del sustantivo con otras palabras del
enunciado, que, curiosamente, nos sirve a veces para discriminar el
núcleo de un determinado adyacente: el candelabro de plata vieja
/ el candelabro de plata viejo. De los dos géneros, el masculino es el de mayor extensión
(el término no marcado), y
el femenino el de mayor intensión (el término marcado); así los padres
se refiere tanto a varones como a mujeres cuando el término se opone a
hijos, aunque mantiene su carácter masculino cuando se opone a madres.
Resulta una afectación ridícula, a la vez que una incongruencia
gramatical, la costumbre muy extendida actualmente entre los hablantes
“políticamente correctos” de duplicar el masculino con el
femenino de un sustantivo para referirse a un plural que incluya a varones y
mujeres: los profesores y las profesoras, los alumnos y las alumnas,
los ciudadanos y las ciudadanas. No hay que olvidar que la lengua sólo es sexista si lo
son sus hablantes; no se puede tachar a nadie de machista por decir En
tu casa vivís como reyes ¿Quién puede pretender que
es menos sexista decir la estupidez *En tu casa vivís como reyes y
como reinas? |
El
número
(tomado de este
enlace) |
Desaparecido el dual, el sustantivo suele presentar dos posibilidades de
variación numérica: singular y plural. El primero se refiere a
un solo individuo de una clase, y el segundo denota varios objetos de una
misma clase. El significante de estas diferencias suele corresponderse con la
oposición Ø / –s, –es: perro /
perros, león / leones. Pero la distinción
se manifiesta a veces sólo por el artículo u otras
concordancias: crisis, atlas, jueves. En general se asigna –s a
los sustantivos terminados en vocal y –es a los terminados en
consonante; pero si el significante del singular termina en –i
tónica la formación del plural fluctúa: jabalíes
/ jabalís, esquíes / esquís (se
considera más culta la primera forma). Por lo que respecta a los latinismos y extranjerismos resulta
recomendable la adaptación rápida a la morfología
española: currículos, mejor que currículums
o currícula, con
la terminación latina; yogures mejor que yoghourts. |
Casos particulares
(tomado de este
enlace) |
Entre las peculiaridades del significado del número se puede
señalar el caso de los singularia tántum, que aparecen sólo con la forma
del singular, y los pluralia tántum,
sólo admisibles en plural: el caos, la salud, la sed frente a los
víveres, los comestibles, las afueras. En ocasiones, las referencias del singular y el plural son equivalentes: muralla,
escalera, intestino, pantalón. No obstante, a menudo hay entre
ambos diferencias de tipo expresivo: barba, pelo, espalda; o, incluso,
otros matices significativos: interés, imaginación,
razón, locura, polvo, trigo. Como vemos, el significado de singular y de plural no se corresponde
siempre con la definición que ofrecíamos más arriba.
Mientras que el plural se refiere siempre a varios objetos de una clase, el
singular puede aludir tanto a uno solo como al conjunto total de ejemplares
de una clase: El hombre se sentó a descansar en el alféizar de la
ventana. / El hombre es mortal. |
Individuales frente a colectivos
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Dentro de esta categoría, es de destacar la existencia de
sustantivos colectivos: son
aquellos que en singular denominan a un conjunto de individuos
considerados como iguales: bosque,
gente, gentío, multitud, etc. En plural (cuando es admisible),
designan a más de uno de estos conjuntos: los bosques, las multitudes. |
Enumerables
(discontinuos o contables) frente a no enumerables
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Llamamos sustantivos enumerables a los que se refieren a seres
individuales, y no enumerables
a los que tienen como referente materias, el material o la sustancia con la
que se puede realizar algo: oro,
piedra, vino, agua, cemento. No tiene mucho sentido decir doscientos vinos, muchas aguas, veinte
oros salvo que nos refiramos a doscientas (copas de) vino, muchos (cursos
de) agua, muchas (marcas
comerciales o tipos de) agua, muchos (naipes del palo de) oros,
etcétera. Con estas palabras, el plural indica tipos, variantes, unidades, objetos hechos de la materia a la que
nos referimos. |
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PREPARADO POR FERNANDO
LIROZ |
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